Encontrar puntos blancos en la garganta es algo bastante común y, en la mayoría de los casos, no debe ser motivo de preocupación inmediata. Estas manchas pueden aparecer por diferentes razones, desde procesos leves y pasajeros hasta acumulaciones sin importancia clínica, como los tonsilolitos. La clave está en observar si hay otros síntomas asociados, como dolor o fiebre, para entender mejor qué puede estar ocurriendo en cada caso.
Son pequeñas manchas o depósitos visibles en las amígdalas o en la parte posterior de la garganta. Su aspecto, textura y los síntomas que los acompañan son los que marcan la diferencia entre una causa leve o una infección.
Puedes detectarlas al mirarte en el espejo con buena luz. Suelen aparecer como:
También es importante fijarse en si hay enrojecimiento, inflamación o mal aliento.
Cuando los puntos blancos van acompañados de dolor, especialmente al tragar, lo más habitual es que estén relacionados con una infección de garganta, como una amigdalitis o faringitis, que también puede cursar con inflamación o malestar general.
En cambio, cuando aparecen sin dolor ni otros síntomas, suelen corresponder a tonsilolitos o cáseum amigdalar, una acumulación benigna que puede pasar desapercibida más allá de causar, en algunos casos, mal aliento.
Aunque pueden parecer similares a simple vista, su origen y significado son distintos.
Las placas son acumulaciones visibles sobre las amígdalas, normalmente asociadas a infecciones bacterianas o víricas. Son típicas en las anginas. Suelen ir acompañadas de:
El pus es un signo claro de respuesta del sistema inmunitario ante una infección, sobre todo bacteriana. Puede verse como zonas blanquecinas o amarillentas más densas. Los síntomas que le acompañan son:
Los tonsilolitos son pequeñas acumulaciones de restos de comida, células muertas y bacterias que se alojan en las criptas de las amígdalas. No son una infección, aunque pueden resultar molestos.
Características:
Los puntos blancos en la garganta pueden aparecer por distintos motivos, y no todos implican lo mismo. Entender el origen ayuda a valorar si es algo puntual o si conviene vigilar su evolución.
Si es amigdalitis, conocida comúnmente como anginas, las amígdalas se inflaman y pueden cubrirse de placas blanquecinas. Suele ir acompañado de dolor al tragar, sensación de garganta irritada y, en algunos casos, fiebre.
La faringitis, que afecta a la parte posterior de la garganta, también puede provocar la aparición de puntos blancos. Puede tener origen vírico o bacteriano y suele manifestarse con molestias al tragar, enrojecimiento y sensación de sequedad o irritación.
Como ya has visto, no todos los puntos blancos indican infección. A veces se trata de cáseum o tonsilolitos, pequeñas acumulaciones de restos que se alojan en las amígdalas. En estos casos no suele haber dolor ni fiebre, aunque sí puede aparecer mal aliento. Es una situación frecuente y, por lo general, sin gravedad.
No necesariamente. Si no hay fiebre ni dolor intenso, lo más probable es que se trate de tonsilolitos. Aun así, conviene vigilar:
En esos casos, es mejor consultar con un médico.
Cuando aparecen puntos blancos en la garganta, algunas medidas pueden ayudarte a aliviar las molestias y mejorar la sensación al tragar. Aun así, es importante tener en cuenta que este alivio es sintomático: si la causa es una infección u otro problema que lo requiera, será necesario un tratamiento específico pautado por un profesional sanitario.
Aquí tienes algunos recursos para sentirte mejor y cuidar la zona mientras la garganta se recupera.
Una opción práctica para aliviar la irritación y la molestia en la garganta, ya que actúan directamente sobre la zona mientras se disuelven lentamente.
Angileptol es una solución para el dolor de garganta sin fiebre, con acción 4 en 1: ayuda a calmar el dolor, reducir la irritación, disminuir la inflamación y proporcionar un efecto calmante local.
Sencillos gestos cotidianos pueden ayudarte mucho:
Nunca. Evita manipular las amígdalas con objetos o con tus dedos. Podrías irritar más la zona o empeorar la situación.
Es recomendable consultar si aparece alguno de estos síntomas:
Ante la más mínima duda, que sea un profesional el que determine si se trata de una infección que necesita tratamiento o de una causa leve sin complicaciones.
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